3 de enero de 2026
Venezuela, en proceso

Escribo este artículo con la emoción contenida y la prudencia obligada. Solo tenemos los datos del último momento, desnudos de matices, aunque estén cargados de sentido
El ataque se inició a las 2 de la madrugada con misiles Tomahawk que, lanzados desde el mar, cruzaron los cerros de El Ávila, al norte de Caracas, hasta llegar a los destinos fijados. Media hora después, aviones de combate F-35 y aviones de cobertura F-22 sobrevolaron Caracas, junto con helicópteros CH-47G Chinooks y Black Hawks apoyados por los famosos “Night Stalkers”, la unidad de élite 160 SOAR, y los “Little Birds” de la Fuerza Delta. Fueron los helicópteros de los Delta los que desplegaron el operativo que capturó a Nicolás Maduro y a su mujer Cilia Flores, sin haber encontrado ninguna resistencia. Fuentes internas de Venezuela no descartan la colaboración de miembros del ejército venezolano en algunas de las operaciones de ataque. De hecho, bases aéreas tan importantes como El Libertador o Barcelona, no fueron atacadas.
Estos serían los hechos conocidos en estos momentos aún confusos, pero, al mismo tiempo, suficientemente clarificadores como para permitir llegar a algunas conclusiones. La primera conclusión es que Trump está haciendo ‘un Irán’ en Venezuela, al estilo de un mandatario que prefiere la injerencia indirecta, antes que la guerra abierta. Un plan Venezuela en paralelo al plan Irán. Es decir, ha ordenado un ataque militar perfectamente planificado, de precisión estratégica y enorme daño político, pero sin la intención de hacer caer el régimen por mano americana. De la misma manera que el ataque contra Irán fue de ida y vuelta, sin infantería, para provocar una guerra prolongada, y derrocar al régimen, parece que el ataque a Venezuela sigue el mismo patrón. La intención es doble: por un lado, infligir una derrota rápida y fulminante, y así demostrar la debilidad extrema del régimen; por el otro, con la derrota militar en ciernes, dejar que el régimen caiga por propia putrefacción, con la oposición organizada y cada vez más reforzada. Además, ello da tiempo a un vuelco en el sentir y actuar de las tropas venezolanas. Los misiles cayeron en las centrales nucleares iraníes y en las bases venezolanas, pero serán los ciudadanos los que harán caer a sus tiranos. Igual que se está viviendo una gran revuelta ciudadana en las calles de Irán (por cierto, con absoluta indiferencia por parte de los aficionados a las grandes manifestaciones de estos últimos tiempos), también llega el momento de la revuelta ciudadana que lidera María Corina Machado y que cuenta con millones de personas. Además, para asegurar definitivamente la caída del régimen, Trump ha capturado a Maduro, descabezando una dirigencia que ya está asustada y profundamente fracturada. Si sumamos la huida de operativos cubanos y el aumento sensible de salida de ciudadanos rusos de Venezuela, todo apunta en la misma dirección: el régimen está tan desprestigiado y podrido que se ha convertido en tóxico, incluso para sus aliados. Es cierto que Rusia acaba de protestar por la acción militar de Trump en Venezuela (Putin condenando una agresión...), pero el tono es mucho más bajo que lo que podía imaginarse. “Creemos que todos los socios que puedan tener agravios entre sí deben buscar soluciones mediante el diálogo”, ha dicho Sergei Lavrov, el ministro de Exteriores ruso, lo cual es tanto como nada. De hecho, si Trump está haciendo un ‘Irán’ en Venezuela, Rusia parece que esté haciendo ‘un Siria’: dejar caer un régimen que ya no tiene salida.


